Capítulo 23
Me despierto por culpa de la vibración de mi teléfono.
No recuerdo cuando llegue a casa, solo sé que estoy tirada en mi cama de cualquier manera, con el vestido puesto y que por lo visto debí de llorar mucho, pues la almohada esta mojada y siento un amargo sabor a sal en los labios. Casi tan amargo como la realidad.
Miro el móvil.
Me había llegado un mensaje de Parker: Ábrela.
¿Que abra el que?
Estoy tentada en preguntarle pero no le respondo nada. Otra vez mi orgullo hace acto de presencia.
Cinco segundos después me llega otro mensaje: la caja, ábrela.
Me giro hacia la mesita de noche donde está la caja. La cojo y la coloco en mi cama. La miro desconfiada. ¿De verdad cree que es un buen momento de que reciba mi regalo de cumpleaños? Puaj.
Me siento como los indios cruzando las piernas y colocando la caja entre mis rodillas. La abro. Dentro de la caja hay otra nota como la que está pegada fuera y una especie de estuche del tamaño de un libro de lectura bien gordo. El estuche es de algo parecido al plástico duro pero que no logro adivinar y siento una enorme curiosidad por saber qué es lo que hay dentro. Esa curiosidad me crea rabia, ya que no es ni de lejos lo que querría sentir en estos momentos hacia algo que tenga que ver con él, pero Parker es tan impredecible que podría ser cualquier cosa…
Aun así, apartando mi curiosidad, me limito a empezar leyendo la nota:
Si ya has abierto esto, es porque ya sabes toda la verdad. Toda mi verdad. Prometiste no enfadarte, pero no te culpare si lo haces. Enfadarte es lo mínimo que puedes hacer ahora que lo sabes. De hecho sé que pensaras que he jugado contigo, así que es lo más lógico que puedes hacer. Y yo lo más razonable es que desaparezca y deje de hacerte daño porque debo dejarte amar y enamorarte de alguien que te haga el bien. Pero no puedo, soy un egoísta y te quiero para mí. No me puedo ir porque estoy enamorado de ti y porque quiero estar a tu lado pase lo que pase, así que, por favor, no me odies, no me digas que me vaya. Sabes que quiero quedarme, pero solo lo hare si tú me lo permites, así que, por favor, permíteme estar a tu lado... Quédate conmigo, Alison, por favor. Dame otra oportunidad y prometo hacerte feliz.
Te conozco lo suficiente como para saber que tu orgullo no permitirá que vengas personalmente, a no ser de que sea para decirme adiós, así que si decides darme una oportunidad, aceptando mi nueva vida, quédate con lo que hay en la caja, pero si por nada del mundo me quieres volver a ver, ven y devuélvemelo, lo entenderé. Pero antes de nada debes entender que al menos te mereces una explicación así que, aunque sea un adiós, quiero que me des la oportunidad de explicártelo. Te quiero, y sé que pensaras que soy un idiota por decírtelo en un momento como este, pero si soy capaz de escribírtelo en mayúsculas, porque tengo la certeza de que es así: TE QUIERO, ALISON GRAY. ERES LA MUJER DE MI VIDA.
Esas últimas diez palabras han tocado en lo más hondo de mi ser, y sé que quiero quedarme a su lado porque aunque me ha hecho mucho daño, él nunca ha tenido una vida fácil y bueno, no puedo hacerle esto ahora que... ¡AHG! ¿Para qué mentir? No quiero alejarlo de mi vida y punto.
Pero si quiero que escarmiente y se dé cuenta de que no puede jugar conmigo y después pensar que no va a tener consecuencias. Sí, me quedare con él, pero tendrá que ganárselo.
Cojo el gran estuche entre mis manos. Creo que en realidad no es plástico, sino metal. Es frío y pesa un poco. Abro el cierre hermético cuidadosamente y mantengo el aire en mis pulmones. Levanto la tapa y dejo escapar un pequeño grito soltando la caja sobre mis piernas en el momento en el que mis ojos se abren sin dar crédito. Encojo rápidamente las piernas abrazándolas con mis brazos evitando el contacto con su regalo. Asomo la cabeza por encima de mis rodillas y miro el “regalo” que ahora se ha salido de su estuche. Tiene un post-it pegado en un lateral en el que pone “¿Quieres unirte a nosotros? Acepta, por favor. Te quiero.”
Agarro su regalo con cuidado, el cual está más frio que la caja de metal que lo traía y lo meto dentro lo más despacito que puedo intentando tocarlo lo menos posible. Una vez en la caja cierro la tapa y suelto todo el aire que mis pulmones estaba manteniendo inconscientemente.
¿Cómo ha sido capaz de regalarme eso en una situación tan delicada como esta? Cojo el estuche y me lo guardo en la mochila del instituto, me giro y saco del armario unos pantalones cortos y una sudadera. Me cambio de ropa corriendo y salgo de mi habitación intentando no parecer nerviosa. Voy sigilosa por el pasillo hasta la puerta de la calle, y salgo de casa más relajada. Me subo en mi bicicleta y pedaleo lo más rápido que puedo hasta la casa de Parker sintiendo al estuche, que está en mi mochila, golpeándome la espalda con cada bache.
Llego a su casa, y llamo al telefonillo dejando el dedo mantenido en el botón unos 20 largos segundos, dando a notar mi rabia.
-¿Si? –Contestan al otro lado
-ábreme la puerta. -Digo muy lentamente marcando cada palabra. Mi tono serio y cortante me pone los pelos de punta. Pensaba que con cada pedaleo había ido soltando parte de mi energía negativa, pero por lo que veo, no es así.
-¿Alison? – Supongo que mi tono también le ha asustado a él- eh... Voy.
Entro en cuanto me abre y dejo la bici dentro de su portal amarrada a un lateral de la parte más baja de la escalera y subo por el ascensor.
Cuando llego a su piso me doy cuenta de que la puerta está abierta de par en par. Entro.
-¿Parker?
-¡Por aquí! –Escucho su voz saliendo de la habitación a la que yo llamo su “despacho”.
Voy por el pasillo guiándome de su voz y cuando llego a la habitación veo la puerta cerrada. Siento el impulso de llamar a la puerta pero en vez de eso coloco la mano sobre el pomo y abro con brusquedad.
Está sentado en la silla mirando hacia el suelo con las manos en el regazo. En las manos tiene su móvil y juguetea pasándoselo entre los dedos, nervioso.
-Hola -mi voz suena mucho más débil que mis actos, lo cual, por su expresión, creo que le confunde.
-Has venido... -responde aun cabizbajo
-No tenía motivos para no hacerlo.
-Entonces... Supongo que esto es... una despedida... -suspira. Por su tono de voz adivino que tiene la garganta agarrotada por las lágrimas que no se atreve a soltar.
-¿Una despedida? -Ahora que le tengo delante, y le veo tan destrozado, no puedo permitirme estar enfadada.
Parker levanta la cabeza.
-Sí. -me mira a los ojos con una expresión indescriptible. Sus ojeras y su pelo despeinado me hacen darme cuenta de que ha debido de pasar una de las peores noches de su vida y yo ni siquiera recuerdo hacer otra cosa que no fuese dormir desde ayer por la mañana hasta hoy, lo cual me hace sentirme como una mierda por haberle dejado tirado en medio de la playa -Si venias, era para despedirte -le miro sin comprender, por lo que añade- La carta...
Oh. Es cierto. Ya ni me acordaba. Se suponía que si volvía era para que me diese explicaciones e irme.
-Quiero las explicaciones, Parker. Ahora.
Él rápidamente se pone de pie y se acerca a mí, y a pesar de sus pasos elegantes, parece derrotado.
-Cuando lo hice… –Dice lentamente intentando buscar las palabras adecuadas- No pretendía hacerte daño…
-Pero lo hiciste –Intento relajarme para que mi tono de voz sea un poco más agradable y así él no se sienta cohibido.
-Es que tú no lo entiendes… -dice en voz baja suspirando.
-no. Si te entiendo, pero no quiero justificar tus hechos. Te he entendido perfectamente, pero no estoy de acuerdo, y no creo que tengas razón. Me he puesto a lo largo de todo este día mil veces en tu lugar y he intentado seguir tu razonamiento interpretando lo ocurrido, pero en mi opinión, tu razonamiento es estúpido.
Vale, puede que este exagerando con eso de que me he puesto en su lugar mil veces, pero si es cierto que por más que lo pienso, no le encuentro ningún sentido.
-Mi padre… Cada vez estaba más cambiado. Mi madre le tenía miedo, pero yo no sabía porque. No, no estoy diciendo que él la maltratase ni nada de eso, simplemente que ella desconfiaba de él. Creo que si seguían juntos, era porque ella realmente le quería y él tenía miedo de quedarse solo.
-¿y eso que tiene que ver conmigo, Parker? –Quizás no haya sido la mejor frase que podía haberle dicho en esos momentos, pero me está dando la impresión de que está desviando el tema de la conversación y que al final me voy a ir sin respuestas.
-¿Sabes la de veces que he escuchado a mi madre decirle a mi padre que lo quería y él deprimirla respondiendo que en esos momentos no podía atenderla y que estaba muy ocupado? ¡Habría tardado menos tiempo diciéndola “y yo a ti” o algo así! -Sus ojos están llenos de rabia y si miro en su interior, veo que son iguales que los míos hace tan solo unas horas, cuando me entere de todo- Pero no, él no se conformaba con agradar a los demás. Él solo pensaba en sí mismo y en las cosas que hacia sin portar cuanto dolor pudiese crear a su alrededor
-¿Sigo sin ver que tiene que ver eso conmigo?
-¿Crees que después de ver a mi madre haciendo el ridículo de esa manera cada vez que intentaba ser un poco cariñosa, yo iba a ir por ahí diciéndote que te quería? -Su mirada es tan intensa que me intimida, haciéndome mirar a otro lado- Nunca fui capaz de decírtelo. Lo sé, fui un cobarde, pero después de ese año sin mi madre, y soportando todo lo que él quería, me di cuenta de que no iba a permitir que me pasase como en el dicho ese de si no puedes con tu enemigo, únete a él. Y la verdad es que no me iba a unir ya que no estaba de acuerdo con su forma de ver el mundo, pero que como siguiese así, me iba a aplastar con sus normas. Ya de por sí, la sospecha de que él fue el culpable de la muerte de mi madre me hizo mirarle de otra manera, y también me hizo más fuerte el verme solo: Cuando no tienes a nadie de confianza, lo tienes que hacer todo tu, y si tu no lo haces se deja sin hacer, por lo que acabas haciéndolo por muy difícil que sea.
Sigo pensando que me está cambiando de tema por lo que insisto.
-sí, pero eso no tiene nada que ver conmig...
-Cuando regrese -me interrumpe Parker marcando mucho esas dos primeras palabras, dando a entender que no ha terminado de hablar-, lo hice porque había algo que me ataba a estar aquí. Cuando una persona no tiene ninguna meta o algún futuro planeado, no tiene necesidad de volver, pero yo os tenía ahí a vosotras y a mi gente. A mi casa y mi ciudad. No podía irme. No podía abandonarlo todo. Así que decidí regresar. -Se toma unos segundos y prosigue-, Ya no era ese cobarde. Me atrevía a decirte lo que sentía, porque en ese tiempo me di cuenta de que si no te lo decía yo, nadie lo haría por mí. De hecho, podían decírtelo otros, haciéndome así, perder mi oportunidad. Así que cuando vine, ya me había echo a la idea de decírtelo. Además, no tenía apenas motivos por los que preocuparme porque según Sky, tu también querías algo conmigo. Fue viendo para aquí, solo en medio de la carretera con la única compañía de mis pensamientos, cuando me di cuenta de que a quien tu querías era a Peter, pero yo ahora era Parker: Un chico un poco más seguro capaz de valerse por sí solo, un chico más frio y distante, que quizás ya no se reía de los mismos chistes ni entendía las mismas bromas. Un chico diferente, por así decirlo. Solo entonces me di cuenta de que era posible que no te gustase mi nuevo yo, y que además de eso, yo había estado un año fuera sin el más mínimo contacto contigo. En ese tiempo podías haberme olvidado o haber encontrado a otro mejor o que se yo. -vuelvo a mirarlo y me doy cuenta de que su intensa mirada sigue insistiendo en que le crea. En que le perdone. En que lo bese.- Eso era lo que se me ocurrió que habría pasado, hasta que contacte con Sky y me dijo que seguía gustándote. –Se pasa la mano por el pelo nervioso- hasta segundos antes de enterarme de aquello, deseaba escuchar algo así, pero solo en el momento en el que pronuncio esas palabras, me di cuenta de lo catastrófico que era. Si te gustase otro, habría sido mejor, porque al menos esa persona existía. -suspira con sus ojos muy abiertos, clavados en los míos- Necesitaba hacerte ver que Peter no era bueno para ti, y que Parker estaría ahí para lo que necesitases. El día en el que tuvisteis ese problema en el tren, a pesar de que Sky dijo de llamar a Peter, tú me llamaste a mí. Yo ya estaba de camino desde el momento en el que Sky me alertó de la situación, por lo que habría ido igualmente, pero el hecho de que tú me llamarás, lo cambio todo para mejor. Me creo esperanzas y me hizo darme cuenta de que tenía otra oportunidad que no iba a desaprovechar.
-Vale, lo entiendo. Pero sigo pensando que es estúpido que me hayas engañado de esa manera. Creo que lo que más rabia me da, es que en ningún momento me percaté de la situación, lo que me hace parecer tonta -admito a regañadientes.
-Oh vamos, - escuchó la voz de Sky detrás de mí, y me sobresalto dándome la vuelta- dale esa oportunidad, lo estas deseando y ya te lo ha explicado: se ha equivocado, pero está arrepentido. ¿Qué es lo que te hace dudar tanto? -esta apoyada en el pomo de la puerta, lo cual también hace que me enfade. No sé desde cuándo lleva ahí, ¿Acaso lo ha escuchado todo? podían haberme avisado alguno de los dos de que ella estaba también en la casa- Le estas rompiendo el corazón.
Esas palabras me rompen el alma haciendo que me olvide de mi enfado repentino.
-Parker me ha regalado una pistola como regalo de cumpleaños -digo sacando el estuche que guarda el arma, de la mochila y entregándoselo a Sky- Creo que eso me da motivos por los que desconfiar.
Sky abre el estuche con los ojos como platos y comprueba que lo que digo es cierto. Acto seguido, mira a Parker con una mirada que lo dice todo: Acaba de firmar su sentencia de muerte.