Capítulo 16
Cuando pasan las primeras horas de clase, llega el tan deseado recreo.
De camino a la cafetería me cruzo en el pasillo con Sarah y Carol que van en dirección contraria a la mía.
Sarah me abraza rápidamente, antes de que tan siquiera pudiese verla llegar.
-Amber... yo... lo siento. Mucho.
Poca gente me llama por el diminutivo de Amberley, pero cuando lo hacen, suele ser en un momento delicado. Normalmente usar el nombre completo de alguien hace que parezca que no hay confianza suficiente como para acortarlo. En mi caso no es así, pero si es cierto que debe ser esa la sensación que crea en la gente, porque cuando la situación necesita más confianza lo acortan.
No tengo ni la menor idea de lo que está hablando, pero la fuerza de este abrazo me hace preocuparme y ponerme nerviosa, todo al mismo tiempo.
-¿Qué?
-oh, vamos, no tienes que fingir con nosotras- Carol me pasa una mano por el hombro en forma de consuelo- Ethan nos lo ha contado.
Me quedo en blanco.
-Debes de estar fatal. -Sarah me mira arrepentida- Siento mucho que fuese en la fiesta.
-Ella piensa que es su culpa -me aclara Carol- Se siente culpable porque, según ella, si lo dejasteis en la fiesta fue por su culpa. Piensa que si no os hubieseis visto ese día no habríais podido terminar la relación.
-¿Qué? -Por fin comprendo a lo que se refieren- Sarah -me aparto de su abrazo agarrando sus hombros con mis manos, mirándola directamente a los ojos- Tú no tienes culpa de nada. Si no hubiésemos terminado en tu fiesta, habríamos terminado hoy en el instituto. -Después de una pausa con intensas miradas por ambas partes, le digo-De hecho, soy yo la que lo siente: por nuestra culpa ahora te arrepientes de tu fiesta. No todos los días se cumplen diecisiete años.
Me muerdo el labio sin saber si he hablado de más. Al parecer ellas saben que pasó, pero yo no tengo ni idea de que es lo que se supone que fue, ya que Ethan a mí no me lo ha dicho. Aunque claro, aún no he respondido a su mensaje... Vale, quizá sea culpa mía el no saberlo, pero eso no tiene nada que ver con que yo me ponga nerviosa: Si no mido bien mis palabras, es posible que diga algo que no sea lo que él las haya contado.
-Bueno, basta ya de lloriqueos -Carol separa a Sarah de mi- Vas a agobiar a la pobre chica. -Después dirige su mirada en mi dirección- Íbamos a dejar los libros en la taquilla. ¿Te vienes?
Pensar en ir sola a la cafetería y sentarme al lado de Ethan y el resto de chicos del equipo de futbol, rodeados de animadoras superficiales, me pone enferma. Asiento sin dudarlo.
-Sí, os acompaño.
Sarah y Carol comparten clase de historia, por lo que supongo que era lo que les tocaba en la clase anterior. Pasamos entre toda la gente en dirección a la taquilla de Sarah. Cuando llegamos ella la abre y deja su libro a cambio de sacar su móvil. Al mismo tiempo, Carol sigue caminando hasta llegar a su taquilla -que está a unas veinte de distancia-, y deja el suyo. A Carol no le hace falta sacar su móvil ya que como nunca se aparta de él, siempre lo tiene durante las clases, a escondidas de los profesores.
-Si quieres hoy podemos sentarnos en otro sitio -Dice sarah cuando termina con su taquilla.- Ya sabes, por si se te hace muy incómodo estar con él.
Se me hace un nudo en la garganta.
-No, no. Estoy bien. De verdad. -empezamos a caminar por el ancho pasillo, que parece haber encogido, al estar lleno de gente.
-Así me gusta -Carol sonríe satisfecha- Demuéstrale que no te afecta. Que al igual que para él, todo esto ha sido un juego, hazle ver que para ti también.
-¡Pero eso no es cierto! -Sarah se alarma- ¿No crees que es mejor que hablen y arreglen lo ocurrido?
-Puaj. No. Las segundas oportunidades son para estúpidos.
-Dejar pasar algo así como si nada, también.
-No es cierto. Ethan se arrepentirá, y cuando eso ocurra Amber le tendrá comiendo de su mano.
-¡Eso es algo horrible!
Sarah pone el grito en el cielo llamando la atención de la gente que hay al rededor.
-No seas exagerada -Carol hace un gesto con la mano- Ella podrá pedirle todo cuanto quiera y él lo hará. Después cuando vea que él se va a rendir, aceptara a volver con él y seguirán con su bonita historia de amor.
-¿Y qué sentido tiene hacerlo sufrir durante ese tiempo?
-Pues que hasta que él se dé cuenta de que ha sido un estúpido y que la quiere de vuelta, ella estará su friendo. Por cada día que pase sin él, él pasara un día suplicándola. Cuando cumpla el castigo por ser tan idiota, volverán.
-¿Castigo? Más bien es una condena. Para ambos.
Sonrío negando con la cabeza mientras discuten sobre qué debo hacer, sin consultarme a mi si me parece bien o no. Estas son mis dos mejores amigas. Sarah es delicada, dulce y sensible. Nunca sale de casa sin su tímida sonrisa asomando de sus finos labios rosados. Su pelo negro cae recto, y siempre perfectamente peinado, a ambos lados de su cara. Cualquier cosa puede afectarla con límites inimaginables, lo cual suele ser un problema. Por el contrario Carol -Quien en realidad se llama Carolina, pero cree que su nombre es demasiado Cursi-, es firme y no deja que nadie la lleve la contraria. Su piel pálida y sus rizos rojos contrastan perfectamente haciendo que llame la atención de todo el mundo dando creencia a su ego. Me gusta que ambas sean mis amigas. Si fusionásemos a ambas en una única chica, tendríamos el mejor equilibrio del mundo, pero no existe nadie perfecto.
Entramos en la cafetera.
-¿Tu qué opinas, Amber? -Miro a Carol y ella alza las cejas todo lo que puede- acaso ¿Nos estabas escuchando?
La miro y noto como me arden las mejillas al sonrojarme.
-Uh-hum... -Digo.
-¡Oh! ¡Por dios! No nos estabas prestando atención. -responde dramática- Recuérdame esto la próxima vez que vaya a discutir por ti.
La miro sin saber que escusa poner, cuando Sarah habla por mí.
-Es normal. La pobre chica estará nerviosa. Ten en cuenta de que se va a sentar al lado de la persona a la que antes solía besar y fingir que no siente nada. Tendrá mucho en lo que pensar, como para ponerse a escuchar nuestras tonterías.
Uf. Que Sarah diga eso, me hace darme cuenta del miedo que me da acercarme a la mesa, y justo me doy cuenta de ello cuando tan solo quedan unos metros para llegar.
Sé que Ethan ha hecho exactamente lo que lo le dije que hiciese, pero si se lo dije, fue porque nunca pensé que pudiese hacer algo así de verdad. Fue una de esas cosas que ofreces pensando que la otra persona no aceptará. Al parecer estuve equivocada. Sé que Ethan no es un mal chico, pero poner su popularidad por encima de todas las personas de su alrededor es molesto. Si, ya lo he dicho. Me molesta. Me gustaría poder seguir diciendo que mi reputación en el instituto me es indiferente ya que solo me queda un año más para irme de él para siempre, pero no puedo decir eso porque si me está molestando tanto lo que ha hecho Ethan, en el fondo debe ser porque, en parte, me importa, ¿No? No sé si lo que realmente me molesta es no saber cómo debo reaccionar a partir de ahora o si debo comportarme como hasta ahora. Lo que tengo muy claro es que no voy a ir llorando por los pasillos ni nada de eso.
Según nos acercamos noto que el resto de estudiantes me miran, miran hacia la mesa a la que me dirijo y susurran. Seguro que esto es lo más interesante que ha pasado en años, en este instituto. Y eso que aún quedan un par de semanas para el baile de fin de curso. Seguro que ahora mismo todas las chicas me están agradeciendo que Ethan esté libre. Sonrio irónica. Pobre chico. Cuando llegue ese momento, todas las chicas se pelearan por ir con él.
La gente se aparta abriéndonos el paso y justo cuando más tensa estoy David, el novio de Sarah, nos sonríe y hace gestos para que nos acerquemos. Sarah me dirige una última mirada, dándome ánimos y se acerca a la mesa correteando, para estar a su lado. ¿Es muy tarde para arrepentirme?
-venga, campeona. –Carol no ha salido corriendo, por lo que sigue caminando al mismo ritmo que yo- Ve ahí, ignora las miradas de los cotillas y demuestra quien eres.
Suspiro.
-¿Qué es peor que puede pasar? Solo será media hora-Digo en voz alta, más para mí que para Carol.
-Esa es la actitud.
Nos acercamos y Ethan me dirige una mirada triste. Yo le respondo inocentemente y se crea un momento de silencio en la mesa. Por suerte Sarah, que está sentada sobre las rodillas de David, habla haciendo que el momento incomodo desaparezca.
-¿Habéis visto a la chica nueva?
-¿Hay una chica nueva? -David echa a un lado el pelo de Sarah para poder ver al resto.
-Eso parece -Ahora es Ethan el que se incorpora en la conversación- Creo que es la hermana del chico nuevo.
-Esperen, ¿hay un chico nuevo también? -esta vez, hablo yo.
-Sí, están en el mismo curso y creo que comparten un par de clases. -Carol habla, y como siembre es la que mejor información puede mostrar, siendo así el centro de atención- Son mellizos.
-Pues como ella sea parecida a él... -Zoe, a la cual no había visto, ya que estaba oculta tras Ethan, habla- Entraría perfectamente en el grupo de animadoras.
-¿En serio? -Sarah se ve sorprendida- ¿Así, sin más? A mí me costó mucho esfuerzo pasar esas pruebas…
Ethan ríe.
-¿Le habéis hecho las pruebas? -Miro a los chicos confusa, sin dar crédito- ¡Pero si estamos en junio! el curso termina este mismo mes.
-No sabes de lo que ese chico es capaz. Paso las pruebas de futbol sin hacer esfuerzo alguno. -de pronto, como si recordase que lo hemos dejado, baja la mirada, borrando esa sonrisa de su rosto.- Creo que sudé yo más, mirando en las gradas, que él haciendo las pruebas. -dice tímido, en voz baja.
Alzo las cejas. Según tengo entendido un motón de chicos se presentan cada año a las pruebas y casi ninguno las pasa.
-Ya pues olvidaros de su hermana. -Carol vuelve a tener el turno de habla- No parece importarle eso lo más mínimo.
Durante el resto de la comida, tímidas miradas vuelan entre Ethan y yo, mientras intentamos que el resto no se dé cuenta. Igualmente, si se diesen cuenta, daría igual, porque lo que para nosotros es un "Luego hablamos" ellos lo pueden interpretar de mil maneras distintas. Al mismo tiempo, la llegada de estos dos hermanos me tiene en ascuas. Desearía poder verlos, pero durante todo el recreo, no veo ninguna cara desconocida.
Cuando el tiempo libre termina, salimos al pasillo y nos dividimos para ir a clase. A mí me toca matemáticas y a David también, ya que vamos juntos. Me dice que le espere, pero me doy cuenta de que Sarah quiere pasar un poco más de tiempo con él, a solas, por lo que le digo que me voy a clase y que nos veremos allí.
Seguramente, él la acompañara a filosofía -la asignatura que le toca dar a ella ahora-, y después llegara a clase justo antes de que el profesor decida pasar lista. Suele ser así.
Mi móvil suena y yo camino por el pasillo distraída, mientras lo busco en mi bolsillo. Hay muchos estudiantes y profesores, lo cual hace complicado mirar el teléfono y andar a la vez. Además cada persona parece ir en una dirección diferente. Veo que es un mensaje de Ethan, pero no creo estar en un sitio seguro para leerlo, por lo que vuelvo a guardar mi móvil en el bolsillo, justo antes de llegar a mi taquilla. Cuando consigo estar frente a esta, la abro. Cojo mi libro de matemáticas y saco el teléfono de donde estaba, para guardarlo. Cuando hago esto, una de las luces del techo que hay en el pasillo, refleja un rostro masculino contra la pantalla de mi teléfono. Rápidamente me giro, pero no hay nadie detrás que se haya parado, y la mayoría de la gente ya ha desaparecido.
Al final del pasillo veo a David corriendo mientras esquiva a unos pocos que, al igual que nosotros, se han rezagado.
-¡Vamos Amberley! ¡Que no llegamos a clase!
Cuando pasa por mi lado, me agarra la mano, y tira de mí sin dejar de correr para que corra con él, lo cual me obliga a cerrar mi taquilla de golpe creando un sonoro ruido, por el metal.
Llegamos a clase jadeantes, justo antes de que el profesor nos cierre la puerta en las narices. Nos deja a pasar a regañadientes, gracias a una torpe escusa de David -Algo sobre que yo me encontraba mal y que venimos de la enfermería-. Lo cual no es del todo mentira. Tengo una sensación estaña. Ese rostro no lo he imaginado y si mi mente no me falla, tengo un mal presentimiento.
Cuando nos sentamos, el profesor empieza a pasar lista. Llaman a la puerta. Suspira y permite que entre la persona que hay fuera. Cuando la puerta se abre, veo a un chico que me deja de piedra: Ojos azules -pero no de un azul cualquiera, sino un color celeste del cual pensé que solo existían dos en todo el mundo-, pelo oscuro con mechas rojas en las puntas, y una chaqueta de cuero digna de un motero, que rellena su perfecto cuerpo. Sí. Es el chico que vi en el pasillo
-Hola -Dice con astucia- No quiero interrumpir, solo venía a entregar a esta chica -Me señala, y me quedo de piedr... Bueno, de roca, esta vez- lo que se le ha caído. -Se saca mi teléfono de su bolsillo.
Imposible, digo en mi mente una y otra vez. Lo deje en la taquilla. Aunque, quizá su reflejo me distrajo y no lo guarde, o es posible que se me cayese cuando David me forzó a correr… No. No puede ser. Juraría que lo deje dentro.
Ambos miramos al profesor. Él indiferente y yo esperando la aprobación del maestro para coger mi teléfono.
-Vera, señor, la vi yo mismo salir de la enfermería y correr en esta dirección cuando se le calló. –añade mientras me mira intensamente, intentándome decir algo.
¿Qué significa esto? Todos sabemos que no he ido a la enfermería y aunque lo hubiese hecho, él no tiene por qué saberlo.
Intercambio una rápida mirada con David que me hace comprobar que el tampoco da crédito.
-Bien. -dice finalmente el profesor- si es así, levántate y coge tu móvil de una vez. Este chico debe ir a alguna clase, y nosotros comenzar con la nuestra.
Me levanto y camino hacia la parte de delante de la clase. Según me acerco, noto las miradas de todos mis compañeros sobre mi nuca. Imaginaba que el chico se acercaría un poco, o que al menos extendería el móvil para que yo lo pudiese coger, pero al parecer prefiere ponerme en ridículo y vergüenza de todos, haciéndome ir hasta la puerta. Cuando lo cojo, me muestra una mirada fría y calculadora -cual vampiro de telenovela juvenil- antes de soltarlo, y yo le fulmino con mi mirada, del mismo color que sus ojos, mientras me doy la vuelta.
Según camino hacia mi sitio, escucho como se abre y se cierra la puerta. Cuando me siento, miro en la dirección en la que estaba y ya no le veo en clase.
Demonio, pienso. Es imposible que sea otra cosa. Como si no tuviese bastante con Dean, ahora hay dos demonios. O mejor dicho, tres, porque me jugaría lo que fuese a que su hermana no se queda indiferente.
-¿Es el nuevo? -Miro a David
El asiente
-Se llama Dane.
¿Dane? ¿En serio? Me pregunto cuál será su nombre verdadero y porque los demonios no pueden imaginar nombres más comunes o al menos que no tengan las mismas cuatro letras cambiadas de orden. Aunque, si estudiamos ese nombre más a fondo, quizá sea una ironía, ya que significa dios juzgará.
Quizá no sea un nombre, sino un mensaje. Quizá me esté advirtiendo, aunque ¿Por qué a mí? Yo no quiero tener nada que ver en esta guerra.
El profe comienza la clase y yo saco el móvil, cosa que me he prometido no hacer nunca -excepto en caso de emergencia- y miro los mensajes. Veo el de Ethan, pero no lo abro, porque me sorprende uno que llego hace dos minutos, de Dean. El mensaje aparece como leído, pero yo no lo he abierto. Hace dos minutos Dane tenía mi teléfono, pienso. Se me corta la respiración al darme cuenta de que Dane ha mirado en mi teléfono.
La profesionalidad de Dane me sorprende. Primero me quita mi teléfono, lo revisa y después me lo devuelve. Si, ya sé que no hay mucha profesionalidad en ello, pero la forma en la que ha entrado en clase, me ha mirado a los ojos y ha dicho lo de la enfermería, solo es un aviso que significa que me está vigilando y sabe todos y cada uno de mis movimientos y palabras. Y luego está lo de mirar mí en móvil. El mensaje llego a mí, cuando el teléfono estaba bajo su poder, por lo que si él no quisiese que yo supiera de su existencia, podía haberlo borrado antes de dármelo. Sin embargo, lo ha leído y me lo ha devuelto, como un aviso de que estoy más controlada de lo que imagino. Me esta vigilando pero también me está avisando de que lo hace. Eso es raro. Además, por más que busco cambios, eso es lo único que veo, por lo que debe ser lo único que él ha mirado. Estaba buscando algo y fuese lo que fuese, lo ha encontrado.
Rápidamente abro el mensaje y lo leo:
-Ya están aquí.
No me hace falta preguntar para saber a qué se refiere, por lo que le respondo breve:
-Lo sé.